domingo, 4 de marzo de 2012

Cuentos de Terramar I...

...de Ursula K. Le Guin


Ged está llamado a ser uno de los más grandes magos de toda Terramar, ya desde que era muy pequeño, cuando salvó a su aldea.  Sin embargo, su orgullo  le llevará a embarcarse en una cacería dramática que a punto estará de costarle la vida. 
Tenar es escogida como la reencarnación de la Sacerdotisa de los Sin Nombre. Es llevada al templo de éstos desde muy pequeña, donde se le inculca una educación cruel y oscura a la que no termina de adaptarse. La irrupción de Ged en las tumbas, un lugar sagrado prohibido para los hombres y para los extranjeros, causará estragos en El Lugar.


Tras haber leído varios libros de Le Guin, sorprende el estilo que ha utilizado en este (recargado y farragoso, tan típico de las historias de magos, dragones y demás). Al parecer, la autora es capaz de cambiar de registro según la historia que escribe. O eso, o se leyó un libro de Tolkien antes de empezar a escribir éste.

Hay dos historias, aunque podría considerarse que se trata de una misma, pues están entrelazadas y el protagonista de ambas es el mismo. La primera es la típica aventura-desventura de un aprendiz de mago, una historia aparentemente corriente, no demasiado singular, por lo menos hasta que comienza la persecución entre Ged y La Sombra, momento a partir del cual el cuento se hace mucho más intrigante e interesante, dejándote un buen sabor de boca al terminarlo. En esta primera historia llaman la atención algunas cosas sobre el mundo ideado por Le Guín, basado en los mundos típicos de fantasía ya conocidos donde existe la magia y los dragones, en el que ha sabido dar un significado propio y una explicación muy original (casi diría que natural) a cómo son las cosas allí.
La segunda historia es mucho mejor. Es oprimente, emotiva, intrigante, emocionante y con algún toque de historia de terror. De hecho, me recuerda un poco a algunos libros de Marion Zimmer Bradley, libros de ciencia ficción pura y dura donde el componente de emoción y de sensibilidad destaca mucho (lo cual es un logro que parece reservado a las autoras). Cuando Ged llega a las tumbas, la historia se lee de un tirón hasta el final.
En este segundo cuento, especialmente, queda claro que cierta infantilidad o inocencia tan típicas de las historias de magos ha quedado atrás. Eso sí, no hay rastro de elementos sexuales, con los que tanto le gusta revestir sus novelas. Como acostumbra a pasar en las historias de Le Guin, todas las cosas están entrelazadas, todos los cabos quedan atados, en un momento u otro.

Por supuesto, estoy deseando leer el segundo libro, con otros dos cuentos y los mismos protagonistas, a los que uno ya ha cogido un cariño nada desdeñable.


Un mago de Terramar:
Las Tumbas de Atuán: