… de Ursula K. Le Guin
Ged, el Archimago de Roke, emprende un viaje junto a Arren, quien ha venido a pedir su ayuda porque la magia está perdiendo su poder en los confines de Terramar. Sin embargo, la situación resulta ser más grave de lo que parecía y deberán encontrar al culpable de lo que está sucediendo antes de que sea demasiado tarde.
Tenar se hace cargo de una niña que ha sido violada y quemada por varios hombres. Tendrá que tener cuidado con ella, pues el viejo Ogión le advierte de que será temida. La muerte de Ogión, la llegada de Ged (montado en la grupa del dragón Kalessin) y los cuidados de Therru, la niña quemada, quien todavía es perseguida por sus atacantes, obligarán a Tenar a tomar muchas decisiones.
Tercera y cuarta novela de las cinco que forman la saga de Terramar.
La primera es una historia in crescendo. Una historia de aventuras en apariencia normal y corriente, motivada al principio por causa de unos protagonistas ya conocidos que con el paso de las páginas y de los capítulos te engancha con firmeza, te atrapa con la fuerza de la incertidumbre y con el placer de ir pasando las páginas con facilidad. Al final (algo repentino, por cierto) te das cuenta de que durante todo el tiempo que lo has estado leyendo, te han ido quedando algunos mensajes, que la estructura profunda de la historia se ha ido metiendo dentro de tu cabeza sin que te des cuenta, y no tanto por lo que se explica o por lo que se entiende sino por la propia forma de ser y de pensar del protagonista, que termina aleccionando al lector sobre cosas como el placer de lo mundano, el verdadero valor de la vida y de la muerte, sobre la importancia de las decisiones, sobre la responsabilidad, sobre lo que cada uno debe de hacer con su vida. En definitiva, una novela que en apariencia solo pretende que pases un buen rato pero que deja huella. Mucha más que otras infinitamente más largas que ofrecen un universo más amplio, más complejo, más rico (quizá más creíble, si es que puede creerse un mundo fantástico) pero que no logran dejar un mensaje (una huella) tan claro, de un modo tan suave y en tan pocas páginas.
De la cuarta novela, en cambio, esperaba que fuera por lo menos igual de buena, ya que había recibido un premio Nébula. Pero no. Parece más bien un dilatado epílogo del libro anterior: se cuenta lo que ha pasado con otros personajes en los últimos tiempos, aparecen de forma momentánea y superflua los protagonistas de la novela anterior, pero apenas aportan nada a la historia. Se va dibujando un cierto elemento de intriga alrededor de Therru, la niña, aunque tampoco quita el sueño, puesto que se adivina el final con demasiada prontitud. En el penúltimo capítulo, sin previo aviso, las cosas cambian, se precipitan. Demasiado tarde, a mi juicio. Tras incontables páginas de las aburridas peripecias de una viuda-granjera-feminista (Tenar ya no es la enigmática, poderosa y amargada Sacerdotisa de los Sin Nombre), no viene a cuento un desenlace tan precipitado. Al final, con Therru ocurre lo que ya se veía venir casi desde el principio de la historia. En definitiva, es lento, deprimente y sin mucho interés. Es una historia extraña, que da la impresión de haber sido escrita conforme iba saliendo de la cabeza de la autora. Así, sin más planificación ni mayor cuidado. No está mal, pero queda muy lejos de las demás.
Me resulta difícil de entender que ésta, de todas las historias de Terramar, haya sido galardonada con un premio Nébula. ¿Cual es el requisito para dar un premio a una historia de ciencia ficción? ¿Que la misma ciencia ficción (o más bien fantasía, en este caso) haya sido reducida a su mínima expresión? Espero que el premio fuera más bien un reconocimiento a todas las novelas de la saga, porque de otra forma no puedo entenderlo. Afortunadamente, los genios del Estudio Ghibli tuvieron más criterio a la hora de hacer su adaptación cinematográfica y escogieron la primera novela de éste segundo recopilatorio.
La costa más lejana:
Tehanu:
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