George ha contactado con un pequeño demonio al que convoca cada vez que se encuentra con un problema complicado. Sin embargo, muchas veces la solución acaba siendo peor que la inacción.
Interesante planteamiento, pues (aunque no se hace explícito en ningún momento) es al propio autor a quien George explica sus desventuras con Azazel.
Este es el típico libro de situaciones graciosas, hecho de capítulos cortos en los que el pequeño demonio provocará todo tipo de enredos a partir de las peticiones hechas por el enigmático George; quien, por cierto, es un personaje bastante alejado de lo que acostumbra a ser el protagonista de una novela. Suele ocurrir que el protagonista esté revestido de ciertas virtudes o que evolucione hasta conseguirlas, pero no es el caso de esta novela, donde George se mostrará en todo momento… tal y como es.
Hay que reconocer que Asimov hacía bien todo lo que se proponía. Más allá de las situaciones que explica (algunas muy tontas, otras más elaboradas, otras una completa ida de olla) el sentido del humor con el que está escrito es genial. En especial esas construcciones gramaticales hechas con un lenguaje elaborado y casi científico para explicar cosas mundanas o incluso situaciones algo soeces.
Aunque, es cierto que siendo una obra de Asimov, esperaba un poco más de ingenio en las situaciones. En este sentido me ha decepcionado un poco. También he echado en falta una especie de capítulo final, algo más relevante que el resto.
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