Como
suele pasar, las buenas críticas sobre un libro suelen ser
exageradas. Esta novela se anunciaba como una pequeña obra maestra y
su autor como alguien a quien seguir muy de cerca. Sin
embargo, yo no le encuentro la gracia.
Hay
que reconocer que el libro entra bien y se deja leer, que el autor
tiene un estilo peculiar (en el que sabe introducir un lenguaje directo
y soez de un modo bastante natural), pero poco más. Después de un
larguísimo primer capítulo, en el que estás todo el tiempo
esperando a que ocurra algo sorpendente (una chispa que encienda el
interés, una pregunta que te haga querer llegar al final cuanto
antes)... no pasa nada. En realidad, ni en el primer capítulo, ni en el resto. De
modo que uno
puede
seguir leyendo la sucesión de desventuras de un amargado escogido al
azar, o no (en cuyo caso apenas quedaría alguna incógnita en el
aire).
La
mayoría de protagonistas son idénticos en amargura, maneras de
hacer y facilidad en cuanto a palabras de dudoso gusto se refiere, cosa que se acaba haciendo cansina ya en el tercer capítulo y que
todavía le resta más interés al libro. También me hace plantear
si este autor será capaz de salirse de ese
registro único.
Pero
lo peor de todo es que las historias no acaban, todas ellas sufren un corte aparentemente azaroso que te
aparta de la historia. Lo único que queda es una sensación
desagradable, que probablemente es lo que el autor quería.
Estoy
siendo un poco duro con mis comentarios. Seguramente se me ha pegado
algo del carácter de los protagonistas.
El título tampoco está muy
pensado, simplemente es el título de uno de los capítulos. Aunque
es bastante acertado si tenemos en cuenta que ese es el estado
anímico en el que uno se queda después de haber leído el libro.
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